MANIFIESTO DEL CONSEJO GENERAL DE HUELGA

MANIFIESTO DEL CONSEJO GENERAL DE HUELGA

A dos años de la ruptura de la huelga

  1. La huella imborrable de la huelga del CGH

 

El próximo 6 de febrero se cumplen dos años del rompimiento de la huelga del CGH. Cerca de mil universitarios detenidos y varios cientos de ellos encarcelados durante meses, no permitirán jamás que esta fecha se borre de la memoria del movimiento estudiantil. No olvidamos y no olvidaremos que los militares rebautizados con el nombre de Policía Federal Preventiva irrumpieron en Ciudad Universitaria a iniciativa del propio rector de la UNAM (en coordinación con el gobierno federal), y tras la detención de nuestros compañeros, cubrieron de gris pintas y murales tratando de borrar la huella de un movimiento imborrable por su trascendencia nacional e internacional, por su indoblegable defensa del derecho a la educación del pueblo mexicano y por la dignidad con la que decenas de miles de jóvenes se plantaron ante un sistema que le pone precio a los derechos de la gente y dijeron NO al neoliberalismo.

 

Gracias a esa durísima batalla, la UNAM hoy sigue siendo gratuita y albergando en sus aulas a estudiantes de bajos recursos económicos. Gracias a esa lucha, las medidas que expulsarían de la Universidad a quienes por su situación económica y social les cuesta más trabajo estudiar, no han podido ser implementadas. Gracias a la batalla del CGH, el aparato para el espionaje y la represión política, que estaba sembrando un clima carcelario en la UNAM, fue duramente golpeado, obligando incluso a que sacaran de circulación a los dos policías más ampliamente conocidos como organizadores de porros y del espionaje (Brígido Navarrete y Gerardo Dorantes) y pusieran en la sombra al cuerpo de golpeadores con uniforme universitario a su cargo; aun cuando de ninguna manera se puede pensar que este aparato haya quedado desmantelado. Antes del movimiento, las patrullitas de auxilio UNAM circulaban con video cámaras para estar vigilando constantemente a los estudiantes rebeldes, había cámaras telescópicas instaladas en el campus que curiosamente no apuntaban hacia donde se encuentra el equipo más costoso que tiene la Universidad, sino hacia el recorrido tradicional de las manifestaciones. Y ésta era apenas la primera etapa de un costoso plan de vigilancia que incluiría un circuito cerrado de televisión en las escuelas más parecido al sistema que se aplica en las cárceles de alta seguridad que a lo que debería ser el resguardo de una universidad.

 

La lucha del CGH evidenció el carácter antidemocrático y represivo de la estructura de gobierno de la UNAM y generalizó la irreverencia ante los directores y funcionarios impuestos contra la voluntad de los universitarios. Curtidos en la represión y en las feroces campañas de desprestigio por parte de todos los medios de comunicación, los cegeacheros creamos o fortalecimos grupos y colectivos estudiantiles que las autoridades no han podido callar ni desintegrar, y hemos mantenido a lo largo de casi tres años nuestro Consejo General de Huelga, organización de discusión, análisis y coordinación de actividades que actualmente se reúne todos los jueves en el auditorio Ho Chi Minh de Economía, con las puertas abiertas a todo aquel estudiante dispuesto a poner un granito de arena en la defensa una universidad democrática y popular. Hemos tomado locales y defendido nuestros auditorios para mantener los centros de información y discusión política del movimiento estudiantil. Hemos cerrado las direcciones de aquellos que encarcelaron a nuestros compañeros y abierto comedores no lucrativos para los que cuentan con menos recursos.

 

La proximidad del 6 de febrero es además de una razón para reflexionar sobre la trascendencia e importancia de aquella lucha,  un momento para hacer un balance de la situación que se vive actualmente en la Universidad, los caminos que ha tomado el carcelero De la Fuente para tratar de eliminar todo tipo de organización estudiantil y para afianzarse en el poder a través de la farsa de Congreso que está preparando, así como la situación del movimiento estudiantil y las tareas que tenemos por delante.

 

2. Un rector policía que no logra levantar cabeza

 

Juan Ramón de la Fuente ha sido el rector que más universitarios ha reprimido en la historia de la UNAM. Nombrado directamente por Ernesto Zedillo para preparar y perpetrar la represión masiva a la huelga estudiantil, De la Fuente no sólo organizó la detención de universitarios en los operativos del 1 y 6 de febrero, no sólo solicitó a la PGR  432 órdenes de aprehensión hacia el final de la huelga, no sólo mandó a sus directores y funcionarios a levantar y argumentar los cargos contra los detenidos, sino que además pidió a la policía judicial que vigilara a los activistas dentro de la UNAM, solicitó órdenes de aprehensión contra dos padres de familia hace un par de meses, lanzó a sus hordas de porros principalmente contra los estudiantes de bachillerato y en el último año ha consignado a decenas de universitarios ante su espurio Tribunal Universitario, más parecido a la Santa Inquisición que a cualquier otra cosa. 

Claro que esta manera de actuar del policía que tenemos en la rectoría, le ha valido un aislamiento que no puede remontar por más que cambie su discurso. Se manchó para siempre el 6 de febrero de 2000, con ese tipo de mancha que no se lava con nada. Mesas de diálogo, coloquios, foros, consultas, o cualquier otra cosa que ha tratado de implementar para asegurarse un respaldo dentro de la UNAM, han resultado fallidos uno tras otro, formando un largo rosario de fracasos. Los estudiantes no nos colocaremos jamás detrás del represor. Conocemos su verdadero rostro y nada lo puede embellecer o cubrir.

 

El único respaldo claro que ha tenido De la Fuente desde su arribo a la rectoría, ha sido el del “grupo Universidad” del PRD, que a cambio de unos huesos se manchó con él en la represión al movimiento estudiantil, se encargó de hacerle el trabajo sucio entre los investigadores y profesores de la derecha y el oportunismo para preparar el rompimiento violento de la huelga y continuar la represión después de ella.

 

3.    Un Congreso a la medida de las necesidades del rector

 

Tras la derrota del priísmo en las elecciones presidenciales, los funcionarios universitarios encabezados por De la Fuente radicalizaron su discurso tratando de agrupar detrás de sí el descontento  generado por las políticas gubernamentales hacia nuestra Universidad. Con Fox enfrente, De la Fuente se tornó “defensor” de la universidad pública, de la responsabilidad del Estado de sostener la educación desde preescolar hasta doctorado y de la autonomía de la UNAM.

 

Detrás de su discurso estaba la desesperada necesidad de conservar a la UNAM como un bastión del priísmo. Así que mientras golpeaba al CGH, convocaba a los universitarios a participar en un Congreso, tratando de llegar a acuerdos con los grupos de poder tradicionales que no estaban nada contentos con la caída de Barnés y la inclusión de los perredistas en las altas esferas de poder en la UNAM.

 

El año pasado, el rector afirmó que el Congreso se realizaría en el 2001, pero no pudo. El trabajo del priísta José Narro en la Coordinación para la Reforma Universitaria quedó entrampado entre, por un lado, el repudio del movimiento estudiantil y la desconfianza de amplios sectores de profesores y trabajadores, y por el otro, la falta de acuerdos con los duros investigadores del área científica y otros institutos que abandonaron sus fidelidades con el priísmo y más bien corrieron a las filas de los amigos de Fox, encabezados por Sarukhán.

 

Para la alianza PRI-PRD que preside De la Fuente, lograr realizar un Congreso en las actuales condiciones tendría varias ventajas. En primer lugar, aparecerían cumpliendo una promesa que levantaron desde  hace ya más de 2 años. En segundo lugar, representaría la posibilidad de llegar a un acuerdo con algunos sectores de universitarios para empezar a salir del aislamiento total en el que han estado. En tercer lugar, para toda la opinión pública ese Congreso sería la concreción de una de las demandas del movimiento estudiantil y sus resoluciones representarían el nuevo pacto entre los universitarios, justificando la represión a quienes se salgan de dicho pacto.

 

Pero no cualquier Congreso sirve para los propósitos de esta alianza. Recordemos que la estructura de gobierno de la UNAM está hecha para que se perpetúen en ella los mismos grupos que han tenido el poder durante años. La Junta de Gobierno (formada por 15 personas) elige al rector. El rector propone ternas de las cuales la misma Junta de Gobierno elige a los directores de cada dependencia. El colegio de directores es la parte fuerte del Consejo Universitario. Y el círculo se cierra porque el Consejo Universitario elige cada año a un miembro de la Junta de Gobierno.

 

Para De la Fuente y sus aliados perredistas es importante modificar este círculo  para garantizar un reposicionamiento de los suyos antes de que llegue el momento de la elección de un nuevo rector (o la reelección de uno viejo), porque ya sin el apoyo del gobierno federal, el PRI no tiene asegurado el triunfo para la próxima rectoría.

 

Esta es la razón por la que la alianza PRI-PRD ha estado hablando de la necesidad de modificar el papel de la Junta de Gobierno en la elección de rectores y directores (por lo pronto, ya metieron algunos de sus cuadros a esa Junta); de modificar también la composición del Consejo Universitario para restarle fuerza a los directores e investigadores adversos a dicha alianza y, probablemente también hagan algún planteamiento relativo al manejo del dinero, es decir, sobre modificaciones al Patronato Universitario.

 

Es más, De la Fuente se lanzó a plantear incluso la necesidad de modificar la Ley Orgánica de la UNAM, tal vez confiando en que la alianza PRI-PRD en las cámaras de diputados y senadores se haría eco de sus necesidades, pero dentro de la UNAM no obtuvo mayor respuesta.

 

Es pues cierto que la rectoría requiere, en interés propio, algunos cambios en estas y otras direcciones, pero no se  trata tampoco de permitir que se derrumbe la estructura autoritaria y nazca sobre ella una nueva forma de gobierno democrática, que recoja el sentir de las grandes masas de estudiantes, profesores y trabajadores que conformamos la UNAM. Esto sería un suicidio para el PRI y sus aliados dentro de la UNAM que saben muy bien que entre las grandes masas de universitarios no tienen ninguna posibilidad de ganar. Así que Narro y De la Fuente están preparando un Congreso a la medida de sus necesidades: capaz de hacer las modificaciones que permitan que el PRD se incorpore con más fuerza a las esferas de poder y el PRI tenga posibilidades de mantener el control, pero impedir aquellas que pudieran permitir que los estudiantes, profesores y trabajadores, organizados democráticamente, tomen en sus manos la conducción de la Universidad. Y por supuesto no renuncian a que el Congreso les permita ir retomando el camino de las reformas neoliberales, con cuidado y sin generar grandes enfrentamientos que puedan costarle la cabeza a De la Fuente, como le pasó a Barnés.

 

Sin embargo, es notorio que De la Fuente y Narro no han conseguido agrupar a ningún sector masivo de universitarios en torno a su planteamiento de Congreso, ni aun con su discurso “radical”. Una costosa campaña publicitaria que llega a cada rincón de la Universidad pretende convencernos, a fuerza de repetir y repetir lo mismo, que “el Congreso avanza” y que en los pasos dados para ello, se ha recogido el sentir de los universitarios en “miles y miles” de opiniones recabadas por el priísta Narro y sus colaboradores perredistas, aunque todos sabemos que en las consultas de Narro no se pararon ni las moscas.

 

Lo que en realidad avanza es un Congreso al margen por completo de la comunidad universitaria. Estando así las cosas, para que ese Congreso tenga realidad el rector requiere dos condiciones fundamentales: un acuerdo con los de arriba y someter la resistencia de los de abajo.

 

4.    El acuerdo con los de arriba

 

El acuerdo entre los grupos de poder de la UNAM se expresa en la resolución que tomó el Consejo Universitario el 24 de octubre de 2001, respecto a la conformación de la Comisión Especial para el Congreso Universitario (CECU). En resumen, la CECU que resultó del cochupo entre los de arriba sería así:

 

a) Estaría integrada por 48 elementos, 17 de los cuales serían consejeros universitarios elegidos por ese órgano (7 académicos, 7 estudiantes, 1 trabajador y 2 directores). Además habría 2 representantes del rector, 2 profesores eméritos, 1 de difusión cultural y 1 egresado que pertenezca a alguna asociación de exalumnos. Todos los estudiantes, profesores y trabajadores de la universidad sólo podrían elegir a 25 miembros (11 académicos, 11 alumnos y 3 trabajadores).

Los 248 mil estudiantes de bachillerato y licenciatura, podrían elegir a 9 integrantes (uno por cada 27, 500 estudiantes); los 18 mil estudiantes de posgrado podrían elegir 2 integrantes (uno por cada 9 mil); los 24 mil trabajadores eligirían 3 (uno por cada 8 mil); los 30 mil profesores elegirían 7 (uno por cada 4, 250); los 5 mil investigadores y técnicos académicos podrían nombrar 4 (uno por cada 2, 500).

Esta composición es un reflejo de cómo quieren que sea el propio Congreso

 

b) Respecto a la forma de nombrar a los pocos elementos elegibles de la CECU, se pondrían urnas en todas las  escuelas y de los candidatos que fueran elegidos en esas urnas, Narro escogería por insaculación (es decir, por sorteo) a los que formarían parte de la CECU.

    O sea, no habría manera de que los elegidos intentaran siquiera llevar a esa comisión el punto de vista de quien los eligió. El mecanismo está pensado para que quede garantizada una tajante separación entre el conjunto de estudiantes, profesores y trabajadores y los que integren la CECU.

 

c) La CECU presentaría sus propuestas acerca de mecanismos, plazos, composición, temas, atribuciones y todo lo relativo al Congreso, y sería el Consejo Universitario quien tendría la última palabra sobre estas propuestas.

 

Esta claro que aquí la única excluida de toda decisión acerca de cómo debe ser ese Congreso, es la comunidad universitaria, y muy especialmente el movimiento estudiantil que con su lucha obligó a De la Fuente a ofrecer un Congreso Universitario.

 

5.    Los intentos por someter la resistencia de los de abajo

 

El otro aspecto fundamental para que la rectoría tenga éxito con su Congreso, es la destrucción de la organización estudiantil, la expulsión de los activistas y la creación de un ambiente de temor a protestar. De la Fuente y sus aliados han estado trabajando en este terreno desde hace ya más de un año, desarrollando varias líneas de acción:

 

Por un lado, han intentado arrebatarle al movimiento los locales estudiantiles. En Derecho fueron varios los intentos fallidos encabezados por los porros; otros intentos similares se presentaron en varias preparatorias; en Economía, tomaron el auditorio Ho Chi Minh y lo llenaron de computadoras, pero fue recuperado por los estudiantes; el caso de Ciencias ameritó que una comisión de seguridad del Consejo Universitario advirtiera sobre la gravedad de que los estudiantes tengan tomado un local y la cafetería y de que mantengan cerrada la dirección, rematando su informe con varias recomendaciones que fueron acordadas por el pleno del Consejo Universitario, entre ellas, preparar una campaña de aislamiento y desprestigio en los medios de comunicación llamando a diversos organismos a manifestarse en desplegados: “Exhortar a los universitarios a denunciar los actos delictivos y a identificar a los grupos o personas como los que tomaron los espacios ...”, “Iniciar una campaña de pronunciamientos de los diversos grupos colegiados de la Institución para rechazar la toma de espacios...Esta campaña también deberá sensibilizar a la opinión pública ...”, “Poner en marcha diversas acciones que logren aislar a los diferentes grupos.”,Es fundamental la actuación de las autoridades, en especial de la actuación de la oficina de la Abogada General...”(acuerdo del 25 de octubre de 2001).

Otra línea de acción ha sido la evidente reactivación de su ilegal instrumento contemplado en la Legislación Universitaria para la represión política: el Tribunal Universitario.  Desde la provocación montada en Ciencias Políticas el 6 de febrero pasado, el Tribunal ha sido su mejor arma contra los grupos y colectivos de estudiantes que mantienen una actividad de información y promueven la discusión colectiva en diversas escuelas. Las sanciones decretadas por ese aparato donde las autoridades son juez y parte, en el que el acusado no tiene la menor posibilidad siquiera de ser escuchado, han sido variadas: 6 estudiantes expulsados en Ciencias Políticas, 5 estudiantes y tres profesores suspendidos hasta por un año en CCH Naucalpan, 8 estudiantes también suspendidos en Derecho y el último día de clases antes de iniciar las vacaciones de diciembre, fue expulsado un estudiante más de Derecho. Además, hay amenazas de consignación ante ese espurio Tribunal en varias escuelas más.

 

Otra de sus maniobras consiste en atacar a través de amenazas anónimas contra los activistas o sus familiares, llegando incluso a balear el coche de un compañero y amenazar de muerte a varios, como ha venido sucediendo con los compañeros de Química.

 

En esta misma dirección camina el reforzamiento de la actividad de los porros en todo el bachillerato y en facultades como Derecho. Los porros actúan con total impunidad, protegidos por los directores, agrediendo y asaltando a estudiantes, golpeando activistas que en no pocas ocasiones ¡han acabado acusados ante el Tribunal Universitario por supuestas agresiones hacia los porros!.

 

También han vuelto a recurrir a la PGR, solicitándole órdenes de aprehensión contra dos padres de familia por el delito de exigir la libertad absoluta de los  5 universitarios que aun seguían bajo proceso. Estos dos padres de un expreso político del CGH ahora están acusados de motín con base en testigos falsos y declaraciones inventadas.

 

6.    Pero la resistencia sigue y sigue

 

A pesar de los golpes recibidos, a pesar de lo disperso y desorganizado que pueda aparecer el movimiento estudiantil, en nuestra universidad existe un movimiento con una potencialidad impredecible, capaz de levantar su voz en cualquier momento, capaz de ponerle un alto a todos los intentos por destruir su organización, capaz incluso de resquebrajar la estructura de gobierno autoritaria que padecemos.

 

La huelga construyó una sólida red de activistas presentes en prácticamente todas las escuelas que no está dispuesta a bajar la guardia por los ataques del rector, y un contingente estudiantil que aun se cuenta por miles, desconfiado de lo que venga de la autoridad y susceptible a movilizarse para hacer valer lo que logró con la huelga y avanzar mucho más en la defensa de la educación pública y gratuita. La inmensa movilización del 2 de octubre pasado, ocultada en prácticamente todos los medios de comunicación, es sólo una pequeña muestra de la disposición de lucha del contingente estudiantil.

 

En efecto, hay dispersión en nuestro lado; hay escuelas en donde los activistas no se coordinan con nadie más allá de sus fronteras, hay compañeros de nuevo ingreso con muchas ganas de participar que sin embargo no han encontrado una alternativa. En efecto, hemos sido golpeados una y otra vez. Aun así, la resistencia se sostiene. Prácticamente no transcurre una semana sin que se realice algún acto, mesa redonda o foro de discusión en una u otra escuela. Hay directores como el de Ciencias y el de Ciencias Políticas a los que todos los días se les recuerda que no son reconocidos ni serán jamás aceptados. Hay cafeterías no lucrativas dando un servicio a los estudiantes. Hay volantes, carteles, periódicos murales informando tanto del Congreso que quiere hacer De la Fuente, como de lo que ocurre en otros lugares del país y del mundo. Hay escuelas donde los estudiantes han logrado frenar los intentos de las autoridades por avanzar en su contra.

 

En unas escuelas por una cosa, en otras por otra, el movimiento ha demostrado que está ahí, vivo y actuando, impidiendo el restablecimiento pleno del poder autoritario, manteniendo una verdadera guerra contra el porrismo.

 

La potencialidad del movimiento se muestra en todo lo anterior y en algunas acciones conjuntas o simultáneas en varias escuelas y facultades. Un ejemplo de este tipo de manifestaciones fue la jornada del 6 de febrero pasado en la que logramos consensuar una iniciativa, el paro, y tensamos nuestras fuerzas en torno a ella, unos desde su localidad, otros desde su espacio de coordinación, pero todos en la misma dirección, logrando generar una discusión en toda la Universidad que iba mucho más allá de las acciones de ese día. El paro del año pasado fue total en 16 escuelas, 5 más se sumaron al paro en el transcurso del día, y en las demás, las actividades organizadas concentraron la participación estudiantil suspendiendo en los hechos las clases. La marcha que llegó al zócalo esa tarde, estuvo concurrida por miles de estudiantes. Toda esta impresionante acción masiva fue minimizada en los medios debido a la provocación montada en Ciencias Políticas y al error de algunos compañeros al haber caído en ella. Tal vez ni los mismos compañeros que participaron en aquella jornada tuvieron claro qué tan general había sido la respuesta, pero rectoría si lo sabía, por eso preparó varias provocaciones.

 

7. ¡A la ofensiva compañeros!

 

Podemos y debemos aprovechar esta potencialidad, así como la situación de aislamiento de la autoridad, para pasar a la ofensiva y ponerle un alto a De la Fuente. Podemos y debemos romper con la descoordinación y volver actuar conjuntamente para golpear con fuerza en una misma dirección, todos los que creemos en la acción de las masas como motor de cualquier transformación y estamos conscientes de que hay que evitar caer en provocaciones.

 

No esperemos más consignaciones ante el Tribunal Universitario, ¡lancemos una intensa campaña por la desaparición del Tribunal y la reinstalación de todos los expulsados por motivos políticos!

 

No nos quedemos cruzados de brazos mientras De la Fuente avanza en un Congreso que no tiene nada que ver con la demanda del movimiento estudiantil, ¡impidamos pacíficamente la elección de la CECU en cada escuela y facultad!

 

No cedamos ningún espacio a las autoridades, ¡espacio que nos arrebaten, espacio que se recupera de inmediato!

 

No permitamos que la lucha del CGH sea borrada de la memoria, ¡realicemos una gran jornada de lucha este 6 de febrero, con un paro de 12 horas y una marcha al zócalo!

 

Llevemos desde ahora estas propuestas a los estudiantes de cada una de nuestras escuelas. Que se tensen las fuerzas, que se genere la polémica y se generalice la discusión. Ese es nuestro terreno, el de los argumentos, el del análisis, el de las Asambleas, el de la movilización, el terreno de la disposición a defender lo que con más de 9 meses de huelga ya una vez defendimos.

 

Sin titubeos, con confianza en nuestra propia fuerza, con confianza en la masa estudiantil y en la presencia del CGH pongamos a discusión estas propuestas en volantes, murales, saloneos para después tomar decisiones escuela por escuela en Asambleas estudiantiles abiertas a la participación de todo compañero. Podemos lograr una exitosa jornada de lucha el 6 de febrero y eso nos dejaría en muy buenas condiciones para detener la represión y avanzar contra el Tribunal y contra el Congreso de De la Fuente. Alertemos sobre las provocaciones que tratará de montar la rectoría para irles cerrando el paso desde ahora. Recordemos la huelga, repudiemos la entrada de los militares y la cárcel, pero sobre todo, restablezcamos las razones de nuestra lucha y preparémonos para las futuras batallas.

 

¡NI UN PASO ATRÁS!

 

¡En la lucha por la desaparición del Tribunal Universitario!

¡En la lucha por un Congreso democrático y resolutivo!

¡En la lucha por la transformación democrática de la estructura de gobierno!

¡En la defensa de los espacios estudiantiles!

¡En la defensa de la educación pública y gratuita!

 

CONSEJO GENERAL DE HUELGA

Enero de 2002

Reuniones de coordinación todos los jueves, 5 pm, en el Aud. Ho Chi Minh